Mientras preparábamos la edición de Teletarde del viernes pasado, supimos que un equipo del noticiero habÃa sido agredido por alumnos del Instituto Nacional. Si hay algo que a uno le enseñan con insistencia en la Escuela de Periodismo es que el periodista nunca puede ser la noticia. Pero esta vez fue diferente, y tuvimos que comenzar con un titular incómodo: “Violencia en el Instituto Nacional, estudiantes agreden a la prensa”.
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La versión de los jóvenes es que ellos fueron provocados primero por los equipos de Canal 13 y Chilevisión, que entraron a grabar imágenes -con autorización del Rector- de dos salas que habÃan sido rayadas y sus data show inutilizados en medio de la toma que ya lleva una semana.                                       Â
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Lo que cuesta entender es la frivolidad con la que han actuado estos alumnos, jóvenes privilegiados que estudian en el mejor colegio de Chile. Por supuesto que están llamados a desarrollar liderazgos contundentes y a luchar por lo que consideran justo, quién podrÃa negarlo. Pero actuar del modo en que lo hicieron sólo hace disminuÃr la simpatÃa que la opinión pública alguna vez le tuvo al movimiento pinguino. Esto del Nacional parece pataelo de adolescentes caprichosos más que otra cosa.
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Y ése es precisamente el crimen: han elegido dar una batalla para la cual claramente no estaban preparados. Tuvieron que salir a dar explicaciones (como que la pintura con la que rayaron las paredes era al agua, asà es que las pudieron limpiar) o que rechazan la violencia.
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Para mà ya es tarde. Con lo que han hecho han empañado una tradición histórica de la que somos depositarios y financistas todos los chilenos. Y de paso se distanciaron de uno de sus mejores aliados, aquel que amplifica cada una de sus peticiones: la prensa.
Jun 16
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