Sep 08
Si hay algo que irrita cada vez más son las buenas intenciones de última hora de los candidatos a algún cargo político. Sabemos hace rato que muchos de ellos hacen sus consideraciones sobre la base del cálculo y es fácil distinguir cuando las promesas electorales son vacías y de espaldas a los ciudadanos.
El último ejemplo de esta pésima costumbre fue la petición de Sebastián Piñera de alargar el período de inscripción en los registros electorales, que cierran el 14 de septiembre, tal como lo establece la ley. Eduardo Frei dijo, sobre la propuesta de Piñera, “me parece bien”.
El gobierno puso algo de sensatez al decir que habían sido muchos los intentos por modificar el sistema de inscripción y voto, pero que las propuestas no habían funcionado por diversas responsabilidades. Ante esto, el comando de Piñera “tuiteó” algo como “una vez más cierran las puertas”.
Siento, sinceramente, que todos y cada uno de los miembros de la clase política llevan velas en este entierro. Y que debieran tener un poco más de pudor ante lo que ellos mismos han generado: un desinterés pavoroso de parte importante de la población de participar, más allá de que sea un deber, en los procesos políticos.
Acordarse de eso el último día me parece, sencillamente, insultante.
May 25
Tenía que ser un concertacionista de manual el que lo dijera para que el tema se instalara con seriedad en el debate público. Así como Edgardo Boeninger y Jorge Schaulsohn generaron un vendaval político cuando hablaron de la ideología de la corrupción, me gustaría creer que las declaraciones de Enrique Correa a La Tercera sobre una necesaria revolución generacional en política, van a producir consecuencias.
Correa dice que la generación que comenzó a hacer política en los años 60 debe tener un retiro digno y darle paso a las nuevas generaciones.
Seguramente el ex ministro reacciona a uno de los argumentos que Marco Enríquez Ominami ha repetido una y otra vez: la “colusión” de los partidos políticos que impide que nuevos representantes asuman puestos de poder sencillamente porque los dirigentes históricos no quieren perder el que han acumulado por años.
Esta supuesta colusión es, a decir verdad, bastante visible. Quizás su consecuencia más evidente sea el rechazo al proyecto de inscripción automática y voto voluntario. Los parlamentarios dicen que no hubo acuerdo en el voto de los chilenos en el exterior, pero no hay que ser demasiado perspicaz para concluir que políticos de lado y lado prefieren mantener las cosas como están antes que agregarle incertidumbre al escenario político por la vía de modificar el padrón electoral.
Diputados jóvenes de la propia Concertación, que apoyan a Eduardo Frei, dicen que poner a Sebasíán Bowen en su comando es sólo algo cosmético, poprque a su lado siguen “los sopechosos de siempre”. Más allá de los méritos de estos políticos (que seguramente no son pocos) realmente parece inaceptable que en la política del año 2009 sigan siendo los mismos los que toman todas las decisiones importantes. Esto no pasa en otros ámbitos de la vida social, donde el tiraje sí funciona. Aunque la idea no es irse al extremo y endiosar a la juventud porque sí, bien vale llegar hasta el final con este debate, para que políticos con experiencia y sentido de la realidad que ya llevan diez, quince o veinte años bajando, accedan a los cargos de poder que se merecen.
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