Escribo justo cuando es mediodía en Chile. Hoy, viernes 5 de marzo, será “Chile ayuda a Chile”, estaba pensando en ellos, en mis colegas, en los voluntarios, en los que colaboran y en los que no. Pensaba en la gente que perdió todas sus pertenencias materiales y en quienes perdieron otra cosa, más terrible aún, el sustento ético. El terremoto se llevó muchas cosas, pero todo vacío debe ser llenado por otras… ¿Qué nos habrá llegado?
Como quizás algunos saben, no me encuentro en Chile. Hace meses tenía planificado un viaje para conocer India, la “Madre India”, una tierra maravillosa, capaz de marcar a las personas y hacerlas querer volver una y otra vez a disfrutar de su amable gente, de sus contrastes, de su mística. India no es comparable con nada y si dejas en la maleta los prejuicios y la mirada clásica de nuestra forma de vida occidental, serás capaz de ver lo que no es tan evidente y nos hace uno solo, sin importar cómo se vean, vistan o huelan los demás.
Escribo mientras sobrevolamos el desierto de Kara Kum en Turkmenistan. Parece nombre de película, es como si Legolas estuviera mostrando los mapas. Miro, pero no se ve mucho desde la ventana. Luces, vacío, tinieblas. Son ocho horas las que separan a París de Delhi… hay tiempo para dormir, para confundirse de días, para leer, para pensar.
Frente a mí, de pie, un sujeto me mira. Yo también lo observo detenidamente. Lleva puesto un turbante, es alto, sonríe amablemente a todo el mundo. Su imagen, que en primera instancia desconcierta, no es nada después de unos minutos. Tenemos esa curiosa tendencia de querer etiquetar a todos. Unos son blancos, otros negros, otros chinos, otros raros. ¿Y nosotros no le resultaremos raros a él? ¿No tiene él motivos también para desconfiar de mí que lo miro fijo y de reojo cada cierto tiempo?
Le saco una foto tratando de que no lo note tanto. Se da cuenta, me parece, pero no dice nada. Si hubiese sido al revés estaría medio asustado. Bien asustado creo yo. Pero, finalmente, te das cuenta que ves sólo a una persona, nada más que eso, como tú y como yo. Y ahora estoy dispuesto a abrir más mi corazón a la experiencia bendita de conocer. Espero poder contarles más de esta hermosa parte del mundo. Espero poder recordar detalles de lo que ofrece Rajastan, la zona de los reyes en el norte de India.
Edo
Ps: Acaban de anunciar que pronto estaremos cerca de Herat, Afganistán. ¿Leyeron “Mil Soles Esplendidos”, de Kalhed Hoseini? Se acordarán.





Últimos comentarios