Hay una parábola muy interesante en la Biblia que se llama la parábola de los talentos. En ella se cuenta la historia de un señor que le confía unos “talentos”, es decir unas monedas a tres de sus sirvientes. Al primero le da 5, al segundo le da 2 y al tercero le da 1. Los dos primeros trabajaron esos talentos y los duplicaron con lo que se ganaron el respeto de su maestro al volver de su viaje. A ellos, dice el maestro, que fueron fieles en lo pequeño, les confiará lo grande. Al tercero, que temeroso sólo atinó a esconder la moneda en la tierra hasta que su señor regresara, le castigó por perezoso y cobarde.
Este viernes tengo la dicha de estrenar en horario prime, junto a mi querida Diana Bolocco: “Chile, país de talentos”. Este espacio que nació al alero de “Alfombra Roja”, ha tomado nuevos aires y se ha abierto para demostrar que en Chile existen muchas personas anónimas con ansias de ser escuchadas. Nos hemos llevado maravillosas sorpresas, voces exquisitas, mentes creativas, músicos y magos de excepción. Hay tanto talento dando vueltas, hay tantas personas que han trabajado ese talento, como los siervos de la parábola que necesitan su espacio, y me siento orgulloso de ser parte de ese equipo que los hará salir a la luz.
Desafortunadamente, hay muchos talentos escondidos bajo la tierra, temerosos algunos, cobardes los otros. Perfeccionar los dones que la vida nos ha regalado no es fácil. Requiere de trabajo intenso, aprendizaje, de aprender a escuchar antes que de opinar de buenas a primeras. Muchas veces esto implica enfrentarse con otros que prefieren el camino simple, de corto plazo, de monedas simples.
Todos hemos sido beneficiados con algún talento. Es un regalo, de hecho en inglés se les llama “Gift”. De cada uno depende descubrirlo y es un deber con la vida trabajarlo para no sólo vivir de él, ante la eventualidad que los caminos emprendidos te lleven a ello, sino también a compartirlo con los demás. Es un voto de confianza y respaldo a la vida, de agradecimiento por las herramientas entregadas. Vivirlos, hacerlos crecer y madurar para poder ofrecerlos al mundo es parte del regalo infinito del amor para con los demás, de ser cálido, apacible y afectuoso con el mundo que nos rodea.
Cómo no va ser lindo gozar la voz de Pavarotti, por ejemplo, en alguna de las muchas grabaciones que quedaron de él en vida. Tú también puedes ser un Pavarotti en lo tuyo, creerlo es parte del juego.
Tú, ¿estás jugando ya o estás cavando un hoyo en la tierra?
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