¿Estás despierto?

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Es de noche y hace frío. Hace horas que no para de llover y el temporal ha causado algunos estragos en las calles. Vas manejando tu auto cuando pasas por un paradero de buses donde hay tres personas esperando largo rato. Ahí ves a una anciana enferma a punto de morir, un viejo amigo que una vez te salvó la vida y a la mujer que siempre soñaste y has esperado desde que naciste.

Ante este escenario, ¿a cuál de los tres llevarías en tu auto considerando que sólo tienes espacio para una persona más? Piensa la respuesta, tómate tu tiempo y sigue leyendo.

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido creativos. Sin excepción hemos logrado dar con una respuesta novedosa y satisfactoria a algún dilema que se nos ha planteado. Si bien es cierto,  hay personas que se destacan por la frecuencia con la cual tienen esta clase de iluminaciones. Para suerte de otros, esta cualidad la podemos trabajar. Recuerdo a una profesora que en la universidad siempre nos decía que la creatividad es como un músculo que se debe ejercitar para tenerlo tonificado.

La lectura, por ejemplo, es una buena forma de educar la creatividad. El hecho de tener sólo uno de los parámetros de la realidad disponible te obliga a imaginar  los espacios y condiciones en las que se desarrollaron los hechos. Ésta es una tremenda gracia porque es muy posible que existan tantos escenarios  como lectores. Por más que una descripción de autor este profusamente detallada, la mente humana recorre cada detalle desde sus propias capacidades y circunstancias.  Leer es un buen método que a veces, por el apuro de los días o por la pereza de andar medio dormidos, se nos olvida realizar. Tomar un libro, abrirlo y empezar a otear en sus caminos puede ser tremendamente alucinante.

Para ser creativo, además, hay una condición que no se puede pasar por alto: tienes que estar despierto. ¿Qué significa eso? Bueno, no me refiero al hecho de distinguir entre el “tuto” y el “andar”. No, voy mucho más allá. Estar despierto significa estar consciente de que estás dónde estás, con la dignidad propia de tu vivir, orgulloso de ello y entendiendo que eres un humano más, no el mejor ni el peor, eres uno más en el mundo que se acepta a sí mismo sin vacilaciones. Este ejercicio de reflexión sobre la condición de vivir, que lo he ido aprendiendo gracias a experiencias tan ricas como la de poder dedicarme un tiempo diario para meditar, es un desafío potente que te permite sentir con ansias las ganas de vivir y de poder decir: ¡sí, estoy despierto!

¿Has pensado la respuesta al dilema que te propuse?

Ésta plantea una interrogante ética y moral no menor. Podrías sentir piedad por la anciana que está muriendo y desear llevarla cuanto antes a un centro asistencial. Por otra parte, la lealtad te obliga a ayudar a quien antes te había salvado la vida, estás en deuda con él. Pero, también tienes la oportunidad de encontrarte con el amor de tu vida, ocasión que no siempre da nuevas chances.

¡Que difícil es vivir estas circunstancias! Pero si estás despierto y lo piensas bien, si estás sintonizando tu cuerpo y tu mente podrías optar por la respuesta creativa, salomónica y prudente: Dale las llaves del auto a tu amigo que antes te salvó la vida, pídele que lleve a la anciana a la clínica mientras tú te quedas esperando el bus con la mujer de tus sueños.

¿Te tinca?

Edo

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