Bondad Fundamental

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En estos días he visto multiplicarse exponencialmente mis nuevos amigos en Facebook. El denominador común de cada uno de ellos es que son parte de las miles de personas con las que tengo el privilegio de compartir cada tarde, de cuatro a siete, en Alfombra Roja junto a la encantadora Diana Bolocco. Muchos de ellos me han comentado que lo pasan bien con el  programa, que se pueden tomar un recreo con nosotros para reírse, ver buenas notas y algo más.

Entre todos estos mensajes me llamó poderosamente la atención el de una señora de 57 años que ha estado varias semanas en cama por las complicaciones de una enfermedad. Ella, quien me pide que no la mencione, me cuenta que estaba cayendo en una depresión a raíz de todo lo que le estaba pasando con su salud. Yo le contesté su mensaje de Facebook, como suelo hacerlo, instándola a encontrarse con su mejor estado, con el ánimo, con la buena onda que debe residir siempre en todos, lo que unos amigos míos me han enseñado se llama la “bondad fundamental”. Ese estado primitivo del alma humana que es apacible, benévolo, amable y cariñoso.

Le decía que en lo personal me mueve entregar mi trabajo para aquellos que como ella se sienten solos o aislados. Afortunadamente, trabajo con un equipo espectacular que se mueve desde muy temprano hasta muy tarde para hacer notas entretenidas, novedosas, optimistas. Estamos todos sintonizados en la misma frecuencia. No nos gusta la mala onda ni las encerronas de bajo calibre. “Somos un programa ameno dedicado a usted”, como decían antes en Sábados Gigantes. Pasaron los días y no supe mucho más de ella, hasta ayer que me escribió emocionada, me contó que se siente mucho mejor y que la fue a ver su hijo con su nieto de días. Que su casa se ha vuelto a llenar de luz y que nos ve cada tarde, que no se pierde su “terapia de la tele”.

Qué más le puedo decir yo a ella: gracias. Gracias porque ella se ha ayudado a sí misma, nosotros sólo somos un complemento que le puede sacar una sonrisa, pero fue ella la que se acogió en su gloria interna. Es ella la que me termina emocionando a mí, es ella la que me termina inyectando más y más optimismo porque es verdad, podemos cambiar el mundo. Podemos dejar los grises y amargos colores del universo pesimista por una verdadera explosión sana de alegría y bondad. Podemos ser felices, todos, con lo bueno y lo malo, aceptando el bien y evitando el mal. Es difícil, pero se puede.

Gracias, una vez más a ella y a quienes cada tarde se suman. Estoy feliz por eso, porque nos ha ido muy bien con el frío rating pero por sobre todo porque siento, de verdad, que cada día somos más los que entendemos que de nosotros no más depende.

Un abrazo y que tengan una gran semana.

EDO

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