Michael Jackson

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Mientras escribo esto, en las pantallas del mundo entero están las imágenes del funeral de Michael Jackson. Cientos, miles de personas han salido a las calles de Los Ángeles para despedir de alguna manera a esta curiosa, pero primordial figura de la música moderna. Despiden al hombre que revolucionó la música obligándonos a ver sus canciones. Despedimos a quien inauguró la nueva forma de entender el arte del videoclip, obras complementarias que hicieron de los años 80 y 90 una obligación.  

Posiblemente, en estos años del nuevo siglo, gracias a la proliferación de las tecnologías y la facilidad de acceso a las mismas, muchas cosas ya no sean tan sorprendentes. Un efecto especial, una transición de imagen, un sonido trabajado es posible de ser creado, como dice la vieja escuela americana, desde el garage de la casa. Las cosas han cambiado mucho, hoy es más fácil extender una creación desde el rincón más lejano a través de la web… mientras que cuando Jackson lo hizo nada de eso existía. 

Sus fanáticos se niegan a ver esas sombras que de alguna manera contaminaron su vida. Se albergan en la vedad jurídica de su “no culpabilidad”. Sus detractores, en cambio, siguen obstinados  en tratar de probar lo que me parece ya poco importa. Que Jordan Chandler se habría retractado, que Víctor Gutiérrez tenía razón. Nada de eso terminará importando demasiado cuando en algún rincón del planeta se empiecen a escuchar los sones de alguna de sus canciones. 

Recuerdo con fulminante claridad la primera vez que vi Thriller en la tele. No podía creer lo que veía, era impresionante. Sus coreografías, sus efectos especiales, los sonidos de ultratumba, los zombies bailando breakdance, la risa siniestra del gran Vincent Price al final del mismo. Tiempo después el Japenning con Ja, esa tradicional reunión familiar de los domingos, hacía una parodia. Gloria Benavides era Michael y gritaba “no seamos jiles, jiles…” en medio de un cementerio recreado en un set de TV. 

Nunca pensé que iba a estar al aire para comentar su muerte. Nunca se me pasó por la cabeza la posibilidad de interrumpir un programa para empezar una cobertura especial por la muerte temprana del que fue para muchos, me incluyo, un real ídolo.

 

¿Cuál es tu canción favorita?

¿Cuál es su mayor virtud?

¿Cuál es tu mayor pena? 

Edo.

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